18 de abril de 2014

Hasta siempre, Gabo.


La 1: 30 de la madrugada, me acabo de enterar. Nunca pensé que después de una tarde tonta, de risas y conversaciones vacuas y de una noche entre la vigilia y el sueño, mirando sin demasiada atención a lo que la caja tonta me contaba, la madrugada saldría a mi paso con un palo de este calibre. No le conocía personalmente, sólo a través de sus letras y de lo que los demás decían de él, pero su huella en mi vida ha sido profunda, imborrable. De ahí viene el dolor, de ahí y de lo inesperado de su partida. Porque, ¿qué más da que fuera casi la crónica de una muerte anunciada? Ya sé que desde hace tiempo el estado grave del escritor era un secreto a voces y que nadie es inmortal, como ni siquiera lo fue Melquíades aunque lo pareciera... Pero eso no quita que mi corazón acabe de perder un trozo bien grande. No me esperaba, querido Gabo, enterarme de tu partida casualmente, en las conversaciones de otros por esto de las redes: me parece casi una traición a tu persona no haber estado atenta a tu estado de salud, darme cuenta antes que, de verdad, esta vez la vida se te iba entre las manos. Y aquí me tienes, llorando como una magdalena porque te has ido, porque ya nunca volverás a escribir ni podré cumplir mi sueño de conocerte, porque he confirmado la sospecha de que una persona puede sentir la muerte de otra desconocida y tan lejana en la distancia y en el tiempo como algo personal, porque hoy noto también que una parte de mí ha desaparecido para siempre. Queda tu enorme presencia en la literatura universal y todos los escritos tuyos que aún me quedan por descubrir y que seguramente llegarán como cada otoño, con su rastro de letras, para trasladarme a ese mundo mágico creado por ti y que lo siento como mi verdadero hogar. No me tengas en cuenta estas frases errantes que salen de mis dedos sin orden ni concierto; son la pena y la soledad en la que me has dejado las que hablan por mí esta noche. Sólo espero que descanses en paz y que te hayas ido rodeado de aquellas mariposas amarillas que desperdigaste en tus obras al Macondo de tus sueños. Para los que nos quedamos, ya eres eterno. 

"Sólo Dios sabe cuánto te quise" - El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez. 

16 de abril de 2014

Maldita.


Hola a tod@s!

Desde que frecuento la blogosfera me he dado cuenta de que existe un tipo de libros muy especial, que aletean continuamente alrededor de cualquier devora - historias que se precie: son los "libros mariposa", aquellos que vemos nombrados aquí, allá y acullá, que nos llaman la atención, nos interesan y nos gustan, pero no sabemos muy bien por qué, nunca les terminamos de hacer hueco. Estos libros vienen envueltos en una crisálida de recomendaciones positivas y el lector potencial sabe que, con mucha probabilidad le gustará la historia, pero quizás por miedo a que no se cumplan las expectativas, por pereza o por saber que seguirá  estando allí más tarde, no termina de utilizar el cazamariposas bibliófilo y disfrutar de una vez de la lectura, anteponiendo en su lugar otros títulos que brotan de repente en el camino. Uno de esos libros mariposa que han revoloteado en torno a mi cabecita despistada desde  hace tiempo es la novela que traigo a continuación: se trata de Maldita, de Mercedes Pinto Maldonado, una historia muy conocida en este mundo virtual y que, desde hace poco, tiene traje de papel. Cuando Cita Franco me ofreció la oportunidad de leerlo, vi claro que era hora de atrapar esta mariposa y trasladarla de una vez a mi vida imaginaria, donde pensé que sería más feliz que compartiendo estancia con las polillas que comienzan a poblar mi eterna lista de pendientes...


A mediados del siglo XX nace en un gran cortijo del sur una niña que está llamada a ser la heredera de una gran hacienda. Pero la pequeña, ya desde antes de venir al mundo lleva impresa la marca de la maldición y del odio, al ser despreciada por su poderoso padre, el temido Diego del Valle, que cree que no es de su sangre; esto condenará al bebé a una reclusión casi forzada en la que pasará toda su infancia. Huérfana de madre desde su nacimiento, Lucía dependerá de su luchadora abuela al principio y después de la ayuda de los vecinos y sirvientes del cortijo para sobrevivir. Sin embargo, sus penosas circunstancias no le impedirán desarrollar una excepcional inteligencia y una creatividad desbordante: como una flor entre las malas hierbas, esta "niña maldita" irá superando los obstáculos que se le presentan y, por el camino, encandilará a todo aquel que se tropiece con su límpida mirada.


Lucía es la gran protagonista de esta historia, el centro y alma que mueve la actuación de los demás personajes. Las circunstancias en las que llega al mundo son penosas: su padre ya la había repudiado por un equívoco y sólo la determinación de Carmen, su abuela materna, hace que la niña se quede en la propiedad que le pertenece por derecho. Diego del Valle es el señor de  un gran cortijo del que dependen en buena medida muchas familias de la comarca, pero el pueblo teme su despotismo y crueldad. Los vecinos más cercanos al cortijo, Luisa y Juan, tienen muy mala relación con Diego del Valle por traiciones del pasado, pero ello no impedirá que ayuden a Lucía  a través de Juanito, hijo de la pareja, y Ángel, un sobrino en acogida: ellos pasarán mucho tiempo con Lucía y serán determinantes en la formación de su carácter. Los primos son muy diferentes entre sí, y mientras que Juanito es un déspota amargado y odioso, Ángel es un niño maduro y comprensivo que se convertirá en el mejor protector de nuestra pequeña heroína. La niña, que vivirá sola desde los tres años, tendrá también el amparo de Pedro, el mejor amigo de Diego, que tiene una personalidad radicalmente diferente a la de aquel y de Herminia, la alegre y resolutiva sirvienta del cortijo que contribuirá a que la pequeña se vaya abriendo al mundo. Como se deduce de esta somera descripción, los personajes se dividen entre buenos muy buenos y malos malísimos; aunque suelo huir del maniqueísmo (tanto en la literatura como en la vida real), no me ha molestado en este caso, pues entiendo que sin estas dinámicas tan extremas la historia no se podría haber desarrollado del modo pretendido por la autora. Además, al contrario que otros lectores, no amé a Lucía desde la primera vez que apareció ni odié a Diego al atisbarlo en lontananza; en mi caso fue un proceso que se gestó a fuego lento y que me hizo comprender mejor el fondo de los personajes que si me hubiera posicionado desde el principio.


El estilo de la autora es limpio y envolvente: Pinto Maldonado tiene la capacidad de relatar la historia de una manera en que se siente verídica: los diálogos, las descripciones, la situación de los personajes, la evolución de los mismos: todo ello está bien equilibrado, logrando que la trama fluya de forma natural y continuada. No he echado en falta una ubicación geográfica concreta para la acción; creo que esa ambigüedad queda compensada con una ambientación adecuada que nos da suficientes pistas sobre el entorno. A título personal me hubiera gustado que la narración estuviese dividida en capítulos y lo que sí me chirrió, sobretodo con respecto a todo lo anterior, fue lo precipitado del final: aunque se atan casi todos los cabos sueltos, me parece que se ha querido resolver en unas pocas páginas unas cuestiones bien arraigadas  en el resto de la novela, lo que se me figuró algo atropellado y chocante: en comparación con el minucioso y elaborado trabajo anterior, la conclusión de la historia queda un tanto deslucida, a pesar de dar a todos los personajes su merecido colofón.


Me ha gustado mucho Maldita, no tanto por la configuración de esos personajes tan límites o por la situación tan increíble de presentar  a una niña que apenas sabe caminar y que no quiere salir de casa como una persona casi autosuficiente, sino por el buen hacer de la autora, capaz de involucrarnos en la historia y mantenernos pendientes de la evolución del pequeño universo creado en torno a Lucía. Creo que cualquier lector que busque un libro bien escrito, lleno de humanidad y con un trasfondo truculento en el que cada personaje juega un papel determinante encontrará en Maldita un sugestivo relato muy a tener en cuenta. Mientras leía el libro, algunas personas que me veían con él entre manos se interesaron por el argumento de la novela, por la vida de esta niña que, acurrucada pero desafiante nos mira desde la portada... Este pequeño detalle y mi propia experiencia positiva me hacen pensar que a esta mariposa literaria aún le quedan muchas vueltas que dar. Nota: 7/10.

"(...) Había sobrevivido a un mundo sin afecto; estaba mal herido, pero era un superviviente. Desde que tuvo uso de razón aprendió que la vida era una batalla agotadora, en la que permitirte la más mínima tregua para lamer tus heridas era darle una oportunidad al contrario y podía significar la muerte. Le enseñaron que cualquiera podía ser su enemigo y estar acechándolo. Era como una fiera convencida de que todos querían darle caza, y a cada instante rugía para mantener el mundo a raya; sangraba por dentro, pero ahogaba el rugido, nadie debía sospechar que era vulnerable. Buscaba respeto, pero solo le tenían miedo".

Agradezco a Cita Franco el envío del ejemplar.

11 de abril de 2014

Nunca olvides que te quiero.


Hola a tod@s!

Pongámonos hoy un poco físicos: ¿las apariencias son determinantes? No me refiero en la vida real, donde cada quien tendrá su opinión formada, sino en el mundo del libro. Hay quien dirá que no, que el exterior es algo secundario, pero yo confieso que, como hija de la sociedad de la imagen, muchas veces elijo novela por una simple portada bonita e incluso, llegando a un extremo que es para hacérmelo mirar, pospongo alguna lectura que me apetece hasta encontrar una edición cuyo aspecto me logre convencer. Sin embargo, a veces  se me confunde la neurona superficial cuando en la cubierta de una novela confluyen dos elementos antagónicos a mi parecer, como puede ser una atractiva imagen de presentación y un título horroroso, de esos que me hacen salir por patas. Eso sucedió con la novela que hoy les traigo a colación, Nunca olvides que te quiero, de Delphine Bertholon;  su bella portada ilustrada por Nicoletta Ceccoli me había dejado prendada, pero al leer el título, pegué la espantada ante el potencial nivel de azúcar por centímetro cuadrado. Gracias a alguna reseña veraniega me enteré de que el argumento de esta novela tenía que ver muy poco con lo que aparentaba: se trataba de una dura historia de soledad, desolación y resistencia que merecía una oportunidad, independientemente de sus ambiguos atributos físicos.


Madison Etchart es una niña alegre y vivaz que enamora a quien la conoce: es dichosa junto a sus padres y a su gatito y está algo colgada del profe de tenis, el guapo Stanislas. Madi es una niña feliz... Hasta que un día de camino a casa es secuestrada por  un hombre siniestro que la encerrará sin otro fin que tenerla cautiva. Aunque R. (el secuestrador) no le hace ningún daño físico a Madison, la chiquilla sufrirá la soledad y el aislamiento impuesto durante largos años sin entender muy bien por qué, echando de menos a su familia y viendo pasar los días uno tras otro, sin que nadie aparezca para salvarla. Por otro lado, el acontecimiento trastocará completamente la vida de todos los que tuvieron algo que ver con Madi, aunque será su familia y su amigo Stanislas los que persistirán más vivamente en la esperanza de volver a ver a la muchacha.


La protagonista absoluta de esta novela es Madison, que es desencadenante y razón de la historia: su arrolladora personalidad  y sus ganas de recuperar la libertad y de no ser olvidada (ni olvidarse de quién es) impregnan todas las páginas de éste libro. Madi es una chica muy madura para su edad y logra afrontar una terrible situación con entereza, a pesar de lidiar con el hecho de estar cautiva y de atravesar la adolescencia justo en ese periodo, por lo que hay muchas cosas que le cuesta comprender y asumir. A la sombra de Madi conoceremos también a la madre de la chica, una mujer joven que tiene que enfrentarse a uno de los terrores más horribles de la vida de cualquier padre, como es perder a un hijo y no tener la certeza de si está bien o sufre, si pasa hambre o frío... La madre de Madi vacía su corazón en sentidas cartas que escribe a su hija, en las que mantiene la esperanza de volverla a ver a pesar de que poco a poco el mundo va olvidando de su historia, de su dolor. Stanislas, el amor platónico de Madi, será otro personaje con peso en la trama: él, un joven que ignoraba los sentimientos que su alumna sentía hacia su persona, seguirá su vida con la sombra esta ausencia, aunque, desde mi punto de vista, su inclusión en el libro es una rémora que aporta bien poco al tema general. Habría estado bien que el lugar  que tiene Stanislas en la novela lo ocupase R., el secuestrador, al que conoceremos poco y a retazos,  siempre según las impresiones de Madi; su relato podía haber aportado un punto de vista muy interesante a la historia, aunque entiendo que la autora no quisiera meterse en el berenjenal de "justificar" a este antipático personaje.


La historia está contada desde tres perspectivas diferentes: tenemos a Madi, que narra en primera persona, a través de los cuadernos que escribe, sus recuerdos de la vida cuando era libre y, sobre todo, qué sucede mientras está encerrada, cuáles son sus sueños, preocupaciones y esperanzas, cómo logra sobrevivir al cautiverio y a la rutina. A pesar de la dureza del argumento, Madi no se hunde en la depresión: es una niña inteligente, fuerte, simpática y perspicaz que intenta conservar su alegría y alimentar sus fantasías a pesar de las desoladoras circunstancias en las que se halla. Madi utiliza un lenguaje actual, lleno de expresiones coloquiales y referencias populares que la hacen muy cercana al lector: además, al hablar en primera persona y al confesarnos con pocos filtros lo que se le pasa por la cabeza,  nos sentimos un poco más cerca de ella y de su situación y más unidos a su forma de ser, que es realmente magnética. Otra parte de la novela está contada a través de esas cartas que le escribe la madre de Madi a su hija, todas ellas entre el desasosiego y la esperanza: son epístolas que relatan lo que sucede en la familia, cuáles son las novedades mientras ella está ausente y en las que le cuenta cómo se siente, el dolor de no saber cómo está, la incertidumbre y la impotencia que la embarga... Todos estos mensajes acaban con el "nunca olvides que te quiero" del título, una especie de mantra con el que pretende llegar a su hija a pesar de la distancia y el olvido. Por último tenemos la parte de Stanislas, que como ya he mencionado es la más accesoria y floja de toda la trama: en ella se dedica a contar su historia de amor turbulento con la fatal Louison, que le hace dar bandazos sentimentales durante toda la novela. Su amistad con Madi aparece intermitentemente en el relato, y aunque es de los pocos que se niega a olvidarla, su participación en el argumento general resulta tediosa y poco interesante, sobre todo en comparación con la intensidad de las vivencias de Madison o la tristeza de las cartas de su progenitora.


Nunca olvides que te quiero es una novela que engaña, no sólo con su apariencia física sino con el argumento que plantea: lo que cualquier lector supondría de una historia centrada en el secuestro de una niña se viene abajo en este libro; sí, la desesperación está presente, y también la tristeza, pero hay un lugar bien grande para las ganas de vivir, para el desenfado, para las reflexiones expresadas con sencillez pero certeras de pleno, para la sonrisa entre lágrimas... No teman encontrarse con una narración morbosa repleta de abusos físicos y tintes negros, ni con un drama lacrimógeno desde la primera página a la última: Delphine Bertholon logra darle una voz propia a cada personaje y un  tono adecuado a la historia en general, que resulta tierno, cercano y convincente, sin frivolizar sobre un hecho tan cruel como el secuestro de una niña; esto lo consigue al plantear la trama desde el ángulo de la supervivencia, gracias a una pequeña protagonista que no se rinde y que crece con nosotros, mostrándonos cada vez una profundidad mayor. Puede que a nivel narrativo la historia pierda pulso en ciertos momentos y algunos personajes queden algo desdibujados pero, a nivel humano, Nunca olvides que te quiero es una novela que conecta con el lector gracias a una prosa sutil, un enfoque original y una evidente elegancia en las maneras que agradará a aquellos que, tras la apariencia física, deseen encontrarse con una lectura de gran belleza interior. Nota: 8/10.

"Evidentemente, conocía el cuadro; pero fue como si lo viera por primera vez. Esa sombra negra representa tu infancia, cariño.
Tu infancia.
Tu inocencia.
Entonces he comprendido que todo aquello de lo que acusaba a tu padre era falso, pues él te imagina exactamente como te imagino yo: haciéndote mayor. Y he sentido vergüenza, una vergüenza enorme. La ira se ha vaciado de golpe, mi plexo se ha desatascado como un fregadero que se purga, y entonces, por fin, he llorado". 

7 de abril de 2014

Previously... (VI).


Hola a tod@s!

Marzo ha sido un mes raro, rarito, raruno en lo personal, cosa que inevitablemente se vio reflejado en el blog: tras un comienzo poco prometedor, navegando sobre una calma chicha de normalidad, llegó la mitad del mes con un vuelco de esos que trastocan y que me dejó muchos días sin ganas de leer, reseñar o comentar, hasta que un arcoíris imposible apareció en el momento menos esperado, recuperando mi ánimo lector y bloguero. Pero miremos en retrospectiva y con los datos en la mano lo que dieron de sí los últimos 31 días en El lado frío de mi almohada...


Lo Reseñado:

Marzo fue un mes de lo más ecléctico: como si de un presagio de lo que estaba al caer se tratara, reseñé a principio de mes Relato de un náufrago, una novela que de corte periodístico que me derivó una vez más a las aguas de García Márquez, y logró gustarme y estremecerme a partes iguales. Luego llegó el turno a La luna no está, una bonita y dura historia contada de una forma algo caótica y empática que creo que tendrá una larga vida. Cambiando radicalmente de tercio apareció por aquí Yibuti, un thriller sobre un tema candente que se alejaba de mis lecturas habituales y que sin resultarme inolvidable, supuso una bocanada de aire fresco en mi rutina lectora. Acabé el mes con un alegato pro - libros de papel proveniente de una larga abstinencia de contacto físico entre ellos y yo de la mano de una reseña sobre La vida de los objetos, una novelita que quizás pase desapercibida, pero que esconde en su interior una historia impresionante y muy bien hilada.


Lo Leído:

Mi primera lectura del mes fue La luna no está: ya saben que mi blog fue uno de los elegidos para leer esta historia en primicia e intentar convencerles, a base de un bombardeo de reseñas ejecutado el mismo día, que el libro vale la pena; como comenté en su momento fue una agradable sorpresa en mi dieta lectora que espero que se animen a conocer en primera persona. Tras esta historia me apeteció acudir a la ciencia - ficción, género que me encanta aunque lo frecuento menos de lo que debería: me acerqué entonces a la madre de todas las distopías, 1984. Creía haber leído antes esta novela porque conozco muchos de los elementos de su trama, pero tras haberla concluido me di cuenta de que me faltaban varias claves, así que me vino bien ponerme con ella. Tengo que reconocer que fue un error elegir este libro en el momento en que lo hice, pues justo comenzó mi mini crisis existencial y tardé mucho en terminarlo, a pesar de que me estaba gustando bastante; creo que en una época menos agitada lo hubiera apreciado mucho más, ¡menos mal que es carne de relectura! Cuando las aguas se calmaron, ya en la última semana, no sabía que leer: a pesar de mi amenazante pila de pendientes, ningún título aparecía en mi cerebro rodeado de lucecitas de neón. Mirando en estantes propios y ajenos me topé Contra el viento del norte y empecé a leer sus primeras páginas casi por aburrimiento. Sin darme apenas cuenta me vi inmersa en la trama cotilleando los e - mails de los protagonistas y algunas horas después llegaba a su impactante final, dejándome el regusto de una buena historia que no tardé demasiado en recomendar. Enfebrecida por dicha novela, me apresuré en buscar su segunda parte, Cada siete olas y como la mayoría había vaticinado, acabé naufragando de lleno: la magia del libro anterior se perdió y me costó muchísimo terminar esta historia que supuestamente ataba lo que había quedado en el aire: hubiera preferido la conclusión de aquel primer libro a la complacencia que vi en el segundo...


Vinieron para quedarse... (XII).

Como este mes llegaron muy poquitos libros a casa y no sé dónde metí las recomendaciones impepinables que he ido anotando, sustituyo una sección por la otra y todos contentos. Dos librines físicos y uno en digital aumentaron mi patrimonio bibliotecario, resultándome todos ellos la mar de interesantes.


A principios de marzo, Juan José Tapia me ofreció amablemente su novela Los sueños de Terpsícore, cuya sinopsis me resultó muy  llamativa, pues describía a la protagonista como amante de los libros, del chocolate, buena amiga y ¡bloguera literaria! Me pareció un personaje simpático y creo que la novela, de corte juvenil, puede resultar una buena lectura desintoxicante.


Tuve la enorme suerte de recibir un ejemplar en papel de Maldita, de Mercedes Pinto Maldonado, gracias a Cita Franco, madrina del libro, que pensó que ya era hora de que este erizo lector conociera a la pequeña Lucía. Es una novela a la que tenía muchas ganas y que estoy disfrutando actualmente: leídas las primeras cien páginas, puedo decir que me está gustando más de lo que esperaba. La otra obra de papel que llegó a mis estantes fue el álbum ilustrado Besos que fueron y no fueron, compra fruto de la melancolía: a mitad de mes estaba un poco embajonada y como para mí no existe mejor terapia que pasear por una librería, allí que me fui, a la caza y captura de alguna novela que me levantara el ánimo. Aunque tenía otras presas en mente, la  sección de álbumes ilustrados me atrajo de inmediato, y una imprevista llamada de teléfono que me aconsejaba que me comprara alguna obra de este tipo fue el empujón definitivo para llevarme este precioso libro bajo el brazo. Si se fijan en la foto, en la esquina superior derecha hay un bultito blanquinegro un poquito difuminado... He aquí un nuevo inquilino, no de mi estantería sino de mi hogar: mi perra se puso de parto intempestivamente y como resultado: ¡habemus canis! Es una hembrita y no me pregunten el nombre porque está siendo una decisión polémica: si en los próximos días se declara la III Guerra Mundial en Canarias, pueden citar este post en los libros de Historia para hablar del detonante de tal situación...


La viñeta lectora del mes:

Seguro que ya muchos la conocen porque se publicó hace poco y las redes sociales la extendieron bastante, pero es que me encanta: me siento plenamente identificada con el drama lector que supone  tener una tarde o fin de semana libre para leer y dedicarlo a una siesta eterna o a vaguear sin sentido y luego quedarte hasta las tantas con un libro en las manos cuando hay que madrugar... Es la historia de mi vida. Lo de leer hasta tarde lo voy controlando más, que yo sin dormir ocho horitas soy la mezcla perfecta entre ogro y troll, pero lo de perder el tiempo libre dejándome arrastrar por la pereza en vez de dedicarlo a ese libro que me hace ojitos desde la mesilla... ¡solucionar eso necesita una buena dosis de esfuerzo por mi parte!

Pues, ¡esto es todo, amig@s! ¿Algo que decir, aportar, preguntar, añadir? - Razón: ¡en los comentarios! Tengan un muy buen mes y ya saben: ¡en abril, libros mil! ¡Abrazos! ;)