29 de julio de 2014

Contra el viento del norte / Cada siete olas.


Hola a tod@s!

No soy una lectora asidua a la novela romántica y reconozco que es un género que me echa un poco para atrás: ya sé que "el amor  mueve el mundo" y que este sentimiento impregna de distinta forma casi cada libro del mercado, pero a mí se me hace difícil disfrutar de una historia centrada única y exclusivamente en una relación amorosa. A ver, claro que me gusta que en un libro de cualquier temática se exploren los sentimientos de una pareja, siempre que estén bien llevados y tengan sentido con el resto de la trama, pero eso de leer una novela basada sólo en el "te quiero - no te quiero" no es para mí: la mayoría de libros así que he leído me han parecido pésimas obras que abundan en estereotipos rancios y en las que se da una imagen de la mujer con la que no me identifico, así que mejor evitarme el disgusto. Pero, como en todo en esta vida hay excepciones y yo también tengo un corazoncito al que a veces le da por suspirar... Por eso cuando veo que hay obras del género que son recomendadas incluso por aquellos que no lo frecuentan y que señalan su calidad no puedo evitar anotármelas ya que, al fin y al cabo, leer es como comer: lo mejor es tener una dieta variada. Hace un par de meses tuve un pequeño bache lector y me acordé de una  estas narraciones que tenían el amor por bandera y de la que todo el mundo hablaba muy bien; se trataba de Contra el viento del norte, una pequeña novela epistolar a la moderna (vía e-mail) que prometía desparpajo y naturalidad. Tras leerla, no pude evitar buscar inmediatamente su continuación, Cada siete olas, ya que el planteamiento de Daniel Glattauer, su autor, consiguió cautivarme: por ello les traigo hoy una reseña conjunta sobre estos dos libros románticos tan fuera de lo común que consiguieron reavivar la llama de mis relaciones tormentosas con las novelas del género.


Leo Leike es un tipo común y corriente que un día, por error, recibe un correo electrónico pidiéndole la cancelación a la suscripción de una revista con la que no tiene absolutamente nada que ver. Leo ignora tanto este como muchos otros mensajes con el mismo asunto que le llegan, hasta que decide sacar a la insistente persona que se los envía de su error. Al otro lado de la pantalla, Emmi Rothner está empeñada de darse de baja de la revista  Like sin darse cuenta de que envía por error sus quejas a una dirección equivocada... Una vez aclarado el malententido y, al contrario de lo que cualquiera podría esperar si le sucediera algo así, Leo y Emmi siguen intercambiando correos electrónicos que se vuelven cada vez más personales, haciendo crecer una inocente relación platónica que cada vez parece más peligrosamente real...


El alma de Contra el viento del norte y Cada siete olas son los diálogos entre sus protagonistas, Leo y Emmi: dos personas de caracteres muy distintos unidas por una curiosa casualidad ideada por un destino juguetón. Leo es un chico serio, tímido, introspectivo, mientras que Emmi es todo un volcán de energía, una persona dicharachera, alegre, irónica, que pone contra las cuerdas al sorprendido Leo más de una vez. Me asombró especialmente la capacidad del autor de generar una voz muy personal para cada uno de sus protagonistas: la correspondencia que intercambian Leo y Emmi parece estar escrita verdaderamente por dos personas diferentes, con personalidades muy marcadas; sus mensajes los definen muy bien y van creciendo en intensidad y complejidad a medida que esta extraña amistad da paso a sentimientos más fuertes. Los correos de la primera novela nos dan a conocer a dos personas que esconden más de lo que parece, dejando entrever lo que realmente sienten tras las palabras que virtualmente se dedican... Pero en el segundo libro las interacciones se vuelven más simples y se pierde la chispa que había caracterizado la relación de estos dos, convirtiéndose en otro relato del montón con un tira y afloja amoroso que desluce muchísimo su concepción original: creo que ni Leo, ni Emmi, ni el lector se merecían que se vulgarizara esta especial historia de amor del modo que lo hizo Cada siete olas.


Los libros, al estar narrados a modo de correos electrónicos. están escritos de un modo directo, en primera persona, sin intermediarios: no hay un narrador que suavice el tránsito de una etapa a otra, sino simplemente  son mensajes que se envían y en los que los protagonistas van desnudando lentamente su alma. Pequeños detalles como la hora de envío o el asunto nos dan pistas sobre la intensidad y dependencia que Leo y Emmi comienzan a tener uno del otro, pero son elementos sutiles, de los que nos vamos dando cuenta a medida que la cosa se pone seria. Las notas que se remiten comienzan siendo inocentes bromas que ponen a prueba la distinta capacidad de los protagonistas a responder ingeniosamente al otro, pero cada vez se van volviendo más personales y, con ello, más vehementes: el cándido coqueteo del principio muta en algo que parece ser amor. Sin embargo, aunque todo indica que merecen darse una oportunidad, Leo y Emmi se resisten a dar el paso de conocerse en persona: no hay que olvidar que más allá de la pantalla ambos tienen una "vida real" y quedar con el otro parece ser el método que desharía el encantamiento en el que están ensimismados, compuesto de correos electrónicos a medias donde todo es perfecto y feliz. Esta tensión funciona perfectamente en  Contra el viento del norte y no tanto en Cada siete olas, obra que hubiera preferido que Glattauer no escribiera: el primer libro había terminado de una forma perfecta, redonda, dejando al lector con el corazón encogido, mientras que el segundo genera más que nada indiferencia: en mi caso particular esta historia rompió el hechizo en el que me había sumido la primera y no hay vez en que piense en Contra el viento del norte sin arrepentirme de haber leído su continuación.


Creo que hoy me ha salido una reseña especialmente confusa y revuelta, pero es que esto de hablar de dos libros tan distintos a la vez ha sido todo un reto. Y sí, digo bien que son distintos porque creo que ambas historias no tienen demasiado que ver, más allá del nombre de los protagonistas: mientras Contra el viento del norte supuso para mí un soplo de aire fresco en cuanto a lecturas contemporáneas románticas, cayendo prendada de la aguda personalidad de los protagonistas y su insólita pero bella relación, Cada siete olas me pareció un libro más, donde ella se volvió una histérica paranoica y él un insulso perdonavidas que mataron todo lo bonito y especial que tenía el libro anterior. Desde mi punto de vista, Contra el viento del norte es un libro absolutamente recomendable, original, notablemente ejecutado, con una relación fuera de lo común pero muy bien llevada que culmina en una última parte vibrante y con un final increíblemente bueno, que quizás moleste a algunos pero que a mí me pareció ideal. Cada siete olas, sin embargo, no es un libro que me apetezca recomendar; aunque no está mal escrito pierde la esencia de todo lo anterior, desmoronándose a cada paso como un castillo de arena: quizás tenga un final más complaciente para el "gran público", pero no creo que fuera el que la historia merecía. En definitiva, si quieres leer un bonito romance contemporáneo que se sale de lo habitual, te recomiendo Contra el viento del norte, por ser una lectura fresca e inteligente que consigue conmover. Lo de leer su continuación, Cada siete olas, lo dejo bajo tu responsabilidad: es verdad que ata los cabos sueltos (para quien considere que quedaba alguno), pero por el camino sacrifica lo que hacía única la historia de Leo y Emmi: te aseguro que si yo pudiera volver atrás en el tiempo sabiendo lo que sé ahora, ni me plantearía darle una oportunidad.

Nota: Contra el viento del norte: 8/10 ;  Cada siete olas: 5/10.

"Nuestro caso es distinto, Emmi: nosotros partimos de la línea de llegada, y sólo se puede seguir una dirección: hacia atrás. Nos dirigimos a la gran desilusión. No podemos vivir lo que escribimos. No podemos reemplazar las numerosas imágenes que nos formamos el uno del otro. Será decepcionante que no estés a la altura de la Emmi que yo conozco. Y no lo estarás. Te sentirás deprimida si yo no estoy a la altura del Leo que tú conoces. Y no lo estaré. Después de nuestra primera - y única - cita nos separaremos desilusionados, desanimados, como después de una comida abundante que no nos ha gustado, a pesar de haberla esperado un año con un hambre feroz, de haberla hervido a fuego lento y a borbotones durante meses ¿Y luego qué? ¡Se acabó! ¡Ya está! ¿Haremos como si no hubiese pasado nada? No. Emmi, nunca se nos borrará la imagen desmitificada, desvelada, desencantada, defraudada, resquebrajada del otro. Y no sabremos qué escribirnos. Ya no sabremos para qué escribirnos. Y algún día nos cruzaremos en un bar o en el metro. Fingiremos no reconocernos o no vernos, nos apartaremos rápidamente. Sentiremos vergüenza por lo que ha sido de "lo nuestro", por lo que ha quedado. Nada. Dos extraños con un ficticio pasado común, por el que tanto tiempo y con tanto descaro se habían dejado engañar".

25 de julio de 2014

Lágrimas de tequila.


Hola a tod@s!

Una de las mejores cosas que me ha dado la blogosfera ha sido la oportunidad de conocer gente maravillosa, verdaderamente apasionada por la literatura, ávida por compartir recomendaciones, impresiones, sugerencias y, muchas veces, su talento. Porque abundan por estos lares varios duendecillos fabricantes de historias que, cuando menos te lo esperas, te sorprenden con un libro escrito por ellos mismos en los que demuestran que el amor a las letras va más allá del placer de disfrutarlas, convirtiéndose en alquimistas de palabras para nuestro regocijo. Cada vez que me entero de que algún amigo bloguero da el salto a la literatura me invaden sentimientos encontrados: por un lado, alegría por ellos, que han sido valientes y se han lanzado a la piscina sin flotador y, por otro, algo de temor: me da un miedo tremendo leer algo de un colega blogosférico y que no me guste. Ya sé que no debería ser así, pero reconozco mi inquietud por ser la nota discordante entre muchas críticas positivas y que ello moleste a un autor al que le tengo cariño personal. Eso hace que, a pesar de tener este tipo de libros en un lugar preferente de mi memoria, los vaya postergando indefinidamente en el tiempo, hasta que casi me he olvidado de quien lo escribió, para que ello no me influya...Y no son pocos con los que estoy en deuda, aunque prometo que a cada uno le llegará su momento. Tras una interesantísima conversación  con Cita Franco por Facebook decidí darle prioridad a su libro de relatos: la suerte me ha acompañado últimamente en el terreno de la narrativa breve y Cita ha demostrado expresarse  muy bien; por ello me dispuse a coger una rodajita de limón y un poquito de sal para, trago a trago beberme esas Lágrimas de tequila que dan título a su primera incursión literaria. 


Lágrimas de tequila es un pequeño libro que contiene 14 relatos, o más bien, 14 ángulos desde los que asomarse a la realidad. A través de sus historias, la autora nos va presentando un abanico de experiencias cotidianas que nos provocan diversas emociones, que van desde la tristeza, rabia o desolación a la hilaridad, sorpresa y esperanza. Con una naturalidad que desarma y una gran habilidad como contadora de historias, Cita nos va envolviendo en estos pedacitos de existencia que se sienten genuinos, sin ningún tipo de impostura, haciendo que cada vez queramos introducirnos más y más en esas microficciones que ha creado para nosotros. 


La primera palabra que me vino a la cabeza para definir el estilo de Cita fue "natural": la autora cuenta las diferentes historias de tal forma que, más que un relato, parecen confidencias que nos hace al oído: no presenciamos aquí esas florituras exageradas por las que les da a algunos autores, que parece que si no usan palabras o estructuras gramaticales rebuscadas no se quedan a gusto, sino una narrativa clara y sencilla, pero cuidada, en la que se atisba un gran potencial que seguramente confirmaremos en futuras obras. Los relatos tratan sobre diferentes asuntos: hay amor, relaciones familiares, enfermedad, traición problemas laborales e incluso un curioso autorretrato, que me conquistó inmediatamente: ese primer retazo de vida en el que la autora refleja la suya propia me enamoró por su espontaneidad y gracia para contarlo, e incluso me identifiqué en algunas partes. Se nota que Cita ha puesto mucho cariño en todas sus historias y personajes, aunque inevitablemente tengo unos cuantos favoritos: destaco el ya mencionado selfie titulado Yo, Observa y el vagabundo, Elegida marioneta, Seve/Severiano o Confianza y sacrificio, que fueron de los que más me entusiasmaron, sin querer desmerecer a los demás. Por decir algo un poco negativo, me tropecé con par de erratas que me chocaron y algún final con demasiada moralina, pero nada de esto menoscaba la calidad de estas historias.


Sé que recomendar relatos cuando este no es el género más popular entre la mayoría de los lectores es comparable a gritar en el desierto, pero me atrevo a afirmar que Lágrimas de tequila es una obra que gustaría bastante a aquellos que se animaran a darle una oportunidad. Escritas con gran franqueza y solidez, las historias de Cita son bocaditos perfectos para degustar entre lecturas más densas, chupitos que encierran gran parte de la esencia de nuestro mundo alrededor. Tras este estupendo debut literario le auguro a la autora un gran futuro en esto de las letras; espero que no tarde mucho en sorprendernos con nuevas narraciones. Ojalá que al menos uno de los que está leyendo esto se anime a beber de esta botella de lágrimas: les aseguro que les depararán unos cuantos tragos tan sorprendentes como embriagadores. Nota: 7/10.

"Resulta increíble ver y sentir cómo la conformidad y el bienestar se convierten en descontento y angustia y los sueños cumplidos se transforman en miedo con el transcurso de los años. Todo lo que se supone que debería ayudarte a ser más fuerte gracias a los conocimientos adquiridos y las vivencias pasadas, se confabula en tu contra para empujarte a un rincón del ring y rogarle a tu entrenador que tire la toalla".

22 de julio de 2014

Operación Bookini (mis lecturas para el verano).


Hola a tod@s!

Uno de mis mayores pecados como lectora es que soy muy errática en esto de leer: no mantengo una línea firme y consolidada en cuanto a libros y temáticas, sino que voy saltando de unos a otras según me lo pida el cuerpo. Admiro verdaderamente a aquell@s que se ciñen a una lista concreta de títulos a leer durante un periodo de tiempo determinado: estoy segura de que suyo será el  reino de los cielos... En el infierno bibliófilo se quedará la gente como yo, que posterga sus lecturas pendientes hasta el infinito, que lee sin ton ni son lo que le va apeteciendo y que, en definitiva, vive sumida en un caos de novelas aplazadas una y otra vez que se esconden en los recovecos de la memoria y que están sometidas a la caprichosa dictadura de una lectora desorganizada... Sin embargo, hay una época del año en que la cosa cambia un poco y esa es el verano: para agosto, que es el mes que suelo tener libre, dejo aquellas lecturas que me apetecen mucho, pero que, por una cosa u otra no he incluido a lo largo del año: la falta de tiempo, de concentración o de lo que sea hacen que, sin querer, se vaya configurando aleatoriamente una minilista de obras  a las que les toca brillar junto al sol del estío. Les presento a continuación aquellas que tengo pensado disfrutar durante este próximo agosto: conociéndome puede que acaben cruzándose otros libros por el camino... Pero les aseguro que llevo deseando leer muchos de estos que aquí van desde hace varios meses y no lo he hecho precisamente para hacerlo con todo el relax del mundo.


Empezamos por algo ligerito y simpaticón: aquí van dos libros cuyas portadas me resultan muy evocadoras: se tratan de L´aubergue y L´épicerie, de Julia Stagg: por lo que tengo entendido transcurren en un encantador pueblecito de los Pirineos franceses con personajes peculiares, ambiente agradable y enredos por doquier. No sé, me apetece escapar de los calores estivales viajando a un lugar así de idílico, que tiene pinta de sacarme alguna que otra sonrisa... No he incluido el último libro de la autora, Las cartas de Véronique porque no me queda claro si pertenece al mismo universo o es una obra completamente ajena a la serie: si alguien lo sabe, agradecería que me lo dijera en los comentarios (¡gracias!).


Pero no todo van a ser sonrisas y florecitas en el campo: en mi operación bookini también hay lugar para los clásicos, como es el caso de Stoner, de John Williams, obra que, a estas alturas, debo ser la única persona que no la ha leído. Tras innumerables reseñas, toneladas de comentarios positivos y recomendaciones insistentes por fin me hice con este libro que tanto me costaba encontrar: a pesar de que la editorial se encuentra en mi isla, casi no lo había visto en librerías y en las bibliotecas directamente está desaparecido: se ve que hay lectores a los que les da pereza devolver los préstamos...A raíz de un interesante artículo en El País sobre la novela me entró el impulso de comprarla, así que me hice con ella on - line a muy buen precio, con la sorpresa de verla minutos después 5 euros más cara: ¡el destino me estaba mandando señales! Reconozco que tengo un poco de miedo ante tanta expectativa, pero me apetece mucho descubrir si las alabanzas son merecidas o no: ¡ya les contaré!


Como ya saben los que me leen, disfruto mucho de la ciencia - ficción, así que no podía faltar algo del género: en este caso me he decidido por uno de mis pendientes históricos, Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, un libro que dicen que es muy divertido y en el que se encuentran muchas de las claves que todo buen friki debe conocer. La verdad es que el título siempre me ha parecido muy curioso y últimamente he leído bastantes cosas buenas de esta historia, por lo que estoy deseando sumergirme entre sus páginas. 


Quiero aprovechar el verano también para leer algo de una gran autora que hemos perdido recientemente: Ana María Matute. Ella escribió uno de mis libros favoritos de todos los tiempos, Olvidado Rey Gudú, pero, después de aquel nunca más recalé en sus obras: por mi parte lamento este despiste imperdonable, ya que no entiendo cómo he podido dejar pasar más de una década sin acercarme nuevamente a sus historias. Entono pues el "mea culpa" y me animo a participar en la Lectura Homenaje que organizan Tatty, Lidia y Hojas de Alisio leyendo Aranmanoth (que por cierto, significa "agosto"), un libro que me llama muchísimo la atención. Que sepan que han editado recientemente muchos de los libros de Matute en formato de bolsillo a un precio realmente irrisorio, por lo que no hay excusas para no darle una oportunidad a esta genial autora. 


Pero, siendo realista, todo lo anterior quedará en vilo hasta al final de mi particular batalla con un gigante, de la que no sé si saldré bien parada: con un peso de 2 kilos y un tamaño de 1152 páginas, mi gran lectura de verano será Danza de Dragones, la última parte publicada hasta el momento de la saga Canción de Hielo y Fuego. En realidad tengo ganas de leer este libro desde el agosto pasado, cuando terminé con Festín de Cuervos, del que disfruté muchísimo, pero me impuse un periodo de espera: no podía acabarme la saga toda de golpe, que a saber cuando el señor Martin va a terminar de escribir sus libros (si es que lo hace...). Así que, con una paciencia digna del santo Job me he tirado casi 12 meses deseando hincarle el diente a la historia y saber qué ha pasado con los personajes que abandoné en Tormenta de Espadas... ¡No me digan que no es digno de admiración! Gracias a la serie de televisión he sobrellevado el mono, pero una vez que ésta ha terminado, toca inyección de fantasía épica en vena, así que ésta es mi prioridad veraniega, ¡que los dioses antiguos y nuevos me pillen confesada!


Pues ¡esto es todo, amig@s! Conociéndome, seguro que me dejo alguno en el tintero o añado nuevas lecturas imprevistas que pasaban por allí... ¡eso es parte de mi encanto! Sea como fuere, todos estos libros me interesan bastante y espero leerlos lo antes que pueda, y compartir mis impresiones, claro está. ¿Han leído alguno de ellos? ¿Cómo se plantea vuestra operación bookini? ¿Alguna recomendación veraniega que me quieran hacer? ¡Soy toda oídos! Besos! ;)


18 de julio de 2014

1984.


Hola a tod@s!

¿Alguna vez has creído haber leído un libro sin haberlo hecho realmente? Me explico: te viene a la cabeza un título determinado o te hablan de él y tú estás convencid@ de que hace  tiempo le diste una oportunidad: te suenan los personajes, la trama no te es desconocida, mencionas alguna cita de vez en cuando y no dudas en recomendarlo a todo el mundo... Pero, ¿un momento?; ¿seguro que lo has leído? Haces memoria, te propones volver al momento concreto en que tenías el ejemplar entre manos y la mente se te queda en blanco: cero recuerdos. Luego llega la fase de autosugestión: que sí que ya lo has leído, imposible que sepas tanto de  la historia si no fuera así... pero va a ser que no. A mí me pasó esto hace poco con todo un clásico contemporáneo, 1984, de George Orwell: estaba segura de que en el pasado había disfrutado de la madre de todas las distopías, pero cuando me puse a meditarlo más seriamente me di cuenta de que no había sido así; quizás sabía mucho del argumento precisamente por ser una obra maestra que todo el mundo conoce, pero me bastó leer un par de páginas de esta novela para darme cuenta de que, para mí, aún era territorio virgen por explorar.


En 1984 el mundo está dividido en tres zonas: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental, que continuamente están en guerra entre sí para hacer valer su superioridad política y moral. En uno de esos territorios, Oceanía, conoceremos a Winston Smith, un trabajador del Ministerio de la Verdad cuya tarea consiste en manipular la Historia: cada cambio de opinión que tenga el Partido, liderado por el Gran Hermano, conlleva una huella en los medios que hay que deshacer, y Smith se encargará de reescribir cada artículo, noticia, crónica o similar del pasado que ya no concuerde con el mensaje oficial que se quiera transmitir desde el Gobierno. Todo ello hace que Smith  comience a atisbar la falsedad de la sociedad en la que vive, lo que le lleva a intentar escapar de la férrea vigilancia a la que están sometidos los habitantes de Oceanía y a comenzar a rebelarse contra el sistema establecido. A ello le ayudará Julia, una muchacha tan desengañada de la política del Estado como él y O´Brien, miembro del Partido Interior (la élite gobernante) que se encargará de mostrarle los entresijos gracias a los cuales el Gran Hermano está firmemente anclado al poder. 


Winston Smith, nuestro protagonista, es miembro del Partido Exterior que sería, por así decirlo, los funcionarios del Estado. Existen cuatro ministerios que se encargan de las tareas más importantes para mantener la estructura política del nuevo orden social que explica la novela: el Ministerio del Amor, que se encarga de torturar a cualquier opositor al régimen, el Ministerio de la Paz, que gestiona todo lo que tiene que ver con la guerra perpetua en la que participa Oceanía, el Ministerio de la Abundancia, que raciona escrupulosamente los bienes para que la población subsista malamente con lo que se les da y el Ministerio de la Verdad, en el que trabaja Smith, que se encarga de manipular y destruir todos aquellos documentos que puedan contradecir cada una de las nuevas disposiciones dadas por el Gran Hermano. Smith, a pesar de que lo han aleccionado toda su vida para creer que las cosas son así y punto, empieza a darse cuenta de que algo falla en un sistema que tiene que recurrir a personas como él para cambiar continuamente las versiones oficiales de los hechos, con lo que en su interior se comienza a abrir una grieta de desconfianza en la que ahondará con mucha cautela al principio y más decididamente después, cuando conozca a Julia. Ella, miembro de la Liga  Anti-Sex y en apariencia ferozmente leal al Partido, se rebelará a su particular manera contra él, iniciando una relación secreta con Smith, alejada de las indiscretas cámaras que lo dominan todo y donde finalmente prevalecerá el amor, algo que en la sociedad de 1984 no se permite. Otro personaje fundamental será O´Brien, quien parece ser un agente doble, al ser miembro del Partido Interior y de La Hermandad (grupo clandestino que se opone al régimen) y que proporcionará a Smith el conocimiento necesario para entender los enrevesados mecanismos que mantienen en pie el mundo en el que le ha tocado vivir.


George Orwell despliega todo su potencial como escritor y filósofo en esta novela, que podría calificarse como "ensayo político ficcionado". Los temas tratados en esta obra son complejos, aunque están explicados de una manera muy clara que hace que no resulten difíciles de comprender. Quizás existan algunas partes que sean un tanto densas, en las que el autor insiste en ciertas ideas para dejar claros algunos pormenores del sistema político que rige el mundo de 1984, ralentizando con ello la lectura, pero a mí estos capítulos me han parecido  remarcables y de ellos  se pueden extraer muchos pensamientos interesantes. El libro se divide en tres partes que sirven para, a través de la figura de Winston Smith, ponernos en situación sobre el mundo en el que vive, asistir al intento de rebelión de un individuo frente a un poderoso sistema que todo lo controla y conocer cómo el Estado responde a lo que se considera traición. Orwell introduce en 1984 numerosos conceptos que han pasado a formar parte, si no de nuestro vocabulario, de nuestro pensamiento, como la neolengua (lo que casi podríamos asimilar a lo "políticamente correcto"), doblepensar (estar en contra de algo pero mostrarse a favor y defenderlo fervientemente o viceversa), el Gran Hermano (sistema de control cada vez más excesivo que  tienen las autoridades sobre la vida privada de las personas) o el crimental (crimen de pensamiento; tener ideas diferentes o contrarias a lo que desde el Gobierno se establece que es lo correcto). Pero no crean que el autor simplemente ha querido dejar constancia de una sucesión de nociones más o menos interesantes sin más: Orwell ha bañado todo su relato de una atmósfera pesimista, gris, claustrofóbica que hará que nos quedemos, no sólo con la sensación de haber acrecentado nuestro bagaje intelectual, sino de haber sucumbido a una historia tan buena como terrible, dado lo plausible que resulta su traslado a nuestra vida cotidiana.


1984 es un libro que hay que leer alguna vez en la vida, sí o sí. Me parece una historia totalmente vigente que debemos conocer: a pesar de haber sido escrita como crítica a los regímenes comunistas y fascistas y que las referencias a personajes y entidades tan terribles como Stalin o las SS nos parezcan tan lejanas hoy, este libro trasciende totalmente su época y podemos ver en nuestra realidad política y mediática actual muchos de los pensamientos que Orwell plasmó aquí en su momento, hecho que da bastante miedito. Creo que éste es uno de estos libros que desarrollan el espíritu crítico de cualquiera y cuya lectura no cae en saco roto, pues aunque es evidente que no todos los lectores van a salir en masa a rebelarse contra un mundo cada vez más parecido al de la novela, sí que podrán aprender a identificar muchas pequeñas manipulaciones que recibimos diariamente y que pasamos por alto como si nada, aunque están dirigidas a que nosotros, "los ignorantes proles" que define el libro, vomitemos nuestros dos minutos de odio contra lo que toque en cada momento, sin que hagamos un análisis algo más exhaustivo de lo que se nos quiere inculcar. Desde el plano meramente literario, 1984 es una buena lectura que no va a resultar trepidante y que incluso se estanca en ocasiones, pero que se lee con facilidad y reporta algo más que una buena historia; incluso con todas las cosas negativas que ocurren en el libro, al final atisbamos un pequeño rayo de luz que nos da algo de esperanza. A pesar de que Rebelión en la Granja me gustó un pelín más, 1984 ha sido una de mis mejores lecturas del año y el libro al que he hecho más anotaciones, por lo que no dudo en recomendarla a cualquiera que quiera acercarse a un clásico contemporáneo de calidad sin fecha de caducidad a la vista. Nota: 8´5/10.

"En un un mundo en que todos trabajaran pocas horas, tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e hiriente de desigualdad. Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en que la riqueza, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosa y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo ería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia".